Teníamos entregas finales en la universidad y estábamos atrincherados en un piso. Comíamos fatal y nos dábamos turnos para ducharnos y para dormir. En una ocasión, mis compañeros me despertaron dándome Coca-Cola y chocolate, porque era el único que sabía resolver un problema y estaban atascados.
Eran noches de muy poco dormir. De vez en cuando hacíamos una pausa para tomar un refrigerio y así aguantar mejor. En esos descansos casi no hablábamos y solíamos comer de pie en la cocina. Leche calentada en microondas y magdalenas. Mientras yo me comía la mía a mordiscos, mi amigo le quitaba el papel a la suya con mucha parsimonia. Estábamos tan cansados que cualquier operación requería mucha atención. Paso a paso la fue rodeando y, cuando sólo le quedaba la base, se la cambió de mano para retirarlo mejor. Entonces, seguro de sí mismo, lanzó la madalena al cubo de la basura que estaba delante de nosotros.
Por un momento no hubo reacción por su parte ni por la mía. Tanto él como yo quedamos en pausa y aún necesitamos unos momentos para entender lo que había pasado. Luego vinieron las risas y los llantos.
Posted in: situaciones
Posted on 2016/06/13
0