Llovía y yo no tenía paraguas ni impermeable, así que caminaba tan rápido como podía intentado no resbalar. A lo lejos dos personas caminaban por mi misma acera tambaleándose y según me acercaba reconocí que discutían, cada vez más acalorados.
Era bien entrada la noche y la lluvia arreciaba. Aunque la calle estaba desierta, sus insultos y reproches la llenaban por completo. A punto de alcanzarlos, comenzaron a darse empujones y gritarse a la cara, con tanta rabia como tristeza. Entonces decidí cambiar de acera y crucé.
La calzada, con adoquinado tipo playa, estaba llena de charcos y tuve que ir haciendo eses para evitarlos. Tras unos pasos en la seguridad de la distancia de la otra acera, me giré para mirarlos y los vi llorando abrazados. Nada más proseguir la marcha pisé unas hojas, patiné sobre ellas y me caí de culo al suelo.
Posted in: situaciones
Posted on 2015/01/24
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