Solíamos cruzarnos volviendo del trabajo al mediodía y siempre me arrastraba a tomar una cerveza. Él las bebía a grandes tragos y si me descuidaba le pedía al camarero otra ronda a mis espaldas.
A él no parecía afectarle, pero yo una vez en casa torpeaba en la cocina. En ocasiones pasaba por delante de un bar y le veía en la barra charlando con el camarero. La mayoría de ellas seguía mi camino a no ser que me pudiese tomar la tarde libre. Yo no entendía cómo podía él organizarse con el trabajo, su mujer y su hijita.
Alguna vez salimos por la noche y su ritmo era demoledor, aunque siempre permanecía impertérrito. Cuando se lo conté a mi novia entre risas, ella muy seria le llamó alcohólico. Me molestó porque me parecía un gran tipo, pero mi defensa acabó confirmando la acusación.
Poco tiempo después desapareció dejando más de un pufo en el camino. Sus trabajadores, sus proveedores y sus socios le querían de vuelta y alguno llegó a contactar conmigo. Yo le había visto muchas veces no coger llamadas y a partir de entonces las mías tampoco tuvieron respuesta. Cuando voy a según qué bares le echo mucho de menos.
Posted in: situaciones
Posted on 2014/11/30
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