B: Ahora te voy a contar la romántica.
A: Venga ya, dame un poco de carne, tanto romanticismo nos va a matar.
B: No, venga, en serio. Verás que te va a gustar.
A: Vale, pero es que siempre hablamos de lo mismo.
B: Te cuento: entro a un café en el centro, todo muy pijo, me pido un expreso y me pongo a trabajar con el portátil. Tenía que preparar unos textos y estaba totalmente concentrado. Buf, al final me pegué tres horas ahí dale que te pego…
A: ¿Tanto tiempo estuviste allí? ¿Y qué consumiste?
B: Nada, el café. Al rato vino el camarero y yo tan metido en mi historia ni le respondí, le hice un gesto para que me dejase.
A: Qué duro.
B: Sí, sí, como de “vete que estás molestando”… y justo cuando me vuelvo cruzo la mirada con una de las recepcionistas del hotel, que se ve desde la cafetería, porque es a la vez del hotel. Una chica guapísima, mirándome fijamente.
A: Vaya, perdiste la concentración.
B: No, al revés, me gustó, me dio buen ánimo y me volví al trabajo más relajado. Llamé al camarero y me pedí una cerveza y todo.
A: Pues qué bien. Te dio power.
B: El caso es que luego ya no me miró más, o yo al menos no me di cuenta. Me preparé una servilleta donde escribí mi teléfono y mi email y le puse que si quería tomar un café/Martini conmigo.
A: Mira que eres performer…
B: La poesía se lleva siempre encima, claro.
A: Ya.
B: Bueno, me acerqué a coger un caramelo y me miró totalmente seria. Con la sonrisa artificial típica de recepcionista, marcando distancia entre nosotros, como si no hubiese pasado nada antes.
A: No sé, lo mismo estaba ella metida en su papel.
B: Yo me acojoné y no le di el mío ni nada. Pero luego, cuando yo ya estaba recogiendo, me volvió a dar otra mirada de esas. Entonces me acerqué a coger otro caramelo y me sonrió bien y yo le puse la servilleta en el mostrador y me fui.
A: Ahí está el tío.
B: Me salgo, cojo la bici y cuando paso por delante de la puerta la veo abriendo el papel y sonriendo… Tío, fue de puta madre. Le di un apretón al manillar y para casa con el pecho hinchado. Fue un subidón, porque la había hecho sonreír.
A: Qué bonito, sí que es romántica la historia. Mola. Al final esas cosas se disfrutan en el momento, porque luego…
B: Luego, dos semanas después, recibí un sms que decía que podría estar bien probar uno de esos Martini.
A: ¡Toma!
Posted in: conversaciones
Posted on 2014/04/28
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