Saludaba a un vecino en la esquina de casa y una figura al fondo de la calle me resultó familiar.
Cuando me agaché a jugar con su bebé me di cuenta de que era un antiguo amigo de la universidad. Mientras agitaba la manita del niño recordaba aquel viaje de estudios en el que nos conocimos.
Al levantarme lo busqué con la mirada y pude distinguirlo bien entre la gente que caminaba. Mi vecino me hablaba de una serie de televisión impresionante, muy realista, la mejor, pero yo pensaba en las tostadas que nos preparábamos tras las noches de juerga. Nos sentábamos con otro amigo delante de un hornillo y las íbamos comiendo con mantequilla según salían.
El bebé se removió en su carrito y me incliné a atenderlo. Le acaricié la cabeza, le acuné un poco y mi amigo pasó a nuestro lado hablando por el móvil. Llevaba el pelo muy corto, gafas de sol, un afeitado reluciente y un abrigo negro. Él siempre pareció mayor porque era muy formal y ahora se le veía perfecto.
Me alcé y me detuve a observar su característico andar con los brazos separados del cuerpo. La verdad es que era un buen tipo, por un tiempo estuvimos muy unidos.
Me gustó verlo.
Posted in: situaciones
Posted on 2013/01/07
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