B: Pues ya lo sabes, si quieres que te salga el paquete a tres euros, sólo tienes que decírmelo. Eso sí, tienes que comprar el cartón entero, treinta euros.
A: Ya, vale, pero ¿cuánto cuesta en el estanco?
B: Pues cuarenta euros, creo… es que es un buen ahorro ¿eh?
A: Y tanto que sí.
B: Yo es que conozco a todos los mafia de allí… y sé dónde se pueden encontrar muchas cosas. Hombre, también sé dónde se puede comprar droga… cocaína y esas cosas ¿no? Pero eso como si no lo supiera, nada, nada… También sé dónde se vende todo lo robado ¿no? Es normal.
A: Por tu trabajo, lo sabes.
B: Hombre, sí, por mi trabajo… y porque muchos de los de allí son amigos míos y, claro, pues a lo mejor se dedican a esas cosas.
A: Ya, esas cosas… joder, pero, a ti te respetarán. Supongo que delante tuya no harán nada de eso, de sus cosas…
B: Hombre, me respetan, claro que me respetan. Y también saben que si tengo que venir un día a arrestarlos, aunque no me guste, que será porque me lo ordenen, como si no les conociese, que yo de uniforme cambio mucho. Si me pongo la placa… amigo, ahí tengo que cumplir las normas.
A: Vaya papelón.
B: Ten en cuenta, hombre, que ya de tantos años en la policía a la gente también se la conoce ¿no? Y bueno, se le coge cariño. Ellos trapichean con esto, con lo otro, mercado negro siempre ha habido ¿no?
A: Ya, ya, pero robando también…
B: Hombre, eso alguna gente, no te digo que no, pero es que… de alguna forma tendrán que ganarse la vida ¿No?
A: No sé.
B: Bueno, que si quieres el tabaco que me lo digas. Me dices cuantos cartones quieres namás y yo ya me muevo y te los traigo a casa.
A: Vale.
B: ¿Sí?
A: Ya si eso te aviso.
Posted in: conversaciones
Posted on 2012/12/19
0